Tuesday, October 31, 2006

Con cada movimiento lo invitaba a su cuerpo, aquella mirada fiera la delataba, era ella, él lo sabía, aunque no pudiese ver su rostro y sólo sus ojos se asomaran tras el velo. La brisa le refrescaba el cuerpo, le movía la falda y el velo. Él sentado del otro lado de la sala quería raptarla, apagar las velas y esconderla, guardarla para sí donde nadie más la pudiese querer.

Ella continuaba su danza de amor, su danza animal. Sonaba la musica y ella se movía como una serpiente, de pronto el ritmo del tambor le hacía temblar las caderas y su vientre algo hinchado palpitaba, era un terremoto, era la calma del agua que no tenía, era un volcán en erupción su maravilloso cuerpo envuelto en tela rojiza. Era ella, que ocultaba su rostro y su cabellera, era a ella a quien debía matar cuando muriera la noche, pero a esa hora indeterminada, entre la tenue luz de las estrellas y algunas velas sobrevivientes, él diseñaba un plan para salvarla.

6 Comments:

At 10/31/2006 5:47 PM, Blogger Pp. said...

no se vale... es que no se vale!
yo vengo con una idea de decirte algo, y me hallo este post y entonces se me va la idea y no se que iba a decir... y entonces... es que el post me distrajo =$ ay...!

 
At 11/01/2006 3:05 AM, Blogger Isa said...

oooopsss! esa es la idea :P

 
At 11/01/2006 5:15 AM, Blogger Irma said...

¡Muy bueno!... Bastante interesante, lña descripción es magnífica :)

 
At 11/01/2006 12:09 PM, Anonymous Anonymous said...

Si la bailarina era una odalisca, mas que obvio que tambien me la rapto, adonde nadie mas pueda quererla Jajaja...

Pero...por qué salvarla?. Muy buena la descripción. Me veía en medio de aquella escena.

Cariños desde Chile.

 
At 11/02/2006 7:29 PM, Anonymous Anonymous said...

Se devanaba los sesos, pensando cómo. Tenían las ganas, mas no la fuerza. Era un ratón, así que cómo la salvaba. Algo debía hacer.

Pensó, pensó y pensó, hasta que arguyó un plan. Pero el color rojizo, la danza y el velo, lo distrajeron.

El tambor seguía sonando y el se percató del vientre tembloroso. Siguió las gotas de sudor, hasta que llegó a los pies, otra distracción.

Se repuso y continuó observando. Esta vez se juró a si mismo, no desviar su atención, entonces fue la cabellera. Volvió a perderse en aquella madeja.

Ahora quien temblaba era él. Tonto ratón, dónde dejaste la pócima que te convertía en león.

Un silbido, un silbido para llamar a Pegaso y me sacara de allí. Ahora era yo, quien necesitaba ser salvado…

 
At 11/07/2006 5:25 PM, Blogger EduardoEquis said...

Espectacular... simplemente espectacular. Me encanta esa forma de narrar...

Y el lemur lo terminó de manera especial.

Me encantÓ!.

 

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